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Tertúlia amb Javier Vidal Quadras: de l'enamorament a l'amor - Las fases del amor

Las Fases del amor (Manglano).

4.1.- Amor enamorado.

La cualidad de este amor es “mostrar al principio el final”, “hace sentir al principio el amor que se alcanzará al final”. “Esta experiencia inicial es la meta de nuestro amor; lo que ahora sentimos es lo que deberá imperar. Paradójicamente, hacia donde deberemos marchar en el futuro, es hacia nuestro ahora” (Manglano: Construir el amor, 35). “Enamorarse es encontrarse a sí mismo fuera de sí mismo (…) es querer a alguien en exclusividad y pensar con ella y en ella para compartir el futuro” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 66). Volver siempre a él porque es nuestra meta: alterocéntrico, dependiente, entregado...
“Un hombre sin pasiones no es un hombre; lo importante es luchar por domarlas, por encauzarlas y orientarlas hacia lo mejor." (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 117). “Quiero ser contemplada con los mismos ojos enamorados tanto si estoy bailando con un traje de noche como si estoy limpiando el baño cubierta con un vulgar delantal.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 28)
Las pasiones son buenas; pero hay que saber encauzar el sentimiento “La capacidad para controlar y dominar los sentimientos y las pasiones es un signo de madurez. Es más, esa facultad yo la centraría en el siguiente punto: ser capaces de aplazar la recompensa en una era como la nuestra, que es la era de la inmediatez, en  la que todo tiene que ser rápido, hacerse sobre la marcha.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 60) “Mientras que para enamorarse no hace falta pensar, sí es preciso hacerlo para reconocer el amor.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 23). “Hay que conocer no soñar: dejar que la fría razón penetre en la emoción, ver si es la realidad la que confirma el sueño en vez de permitir que el sueño disfrace la realidad.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 25).

Tertulia Javier Vidal-Quadras4.2.- Amor tranquilo.
En lo material, lo cotidiano, lo insignificante... amar sin sentir nada, nada especial, como cuando estoy conmigo mismo.
Una mirada activa. Marina: “A mis alumnos les digo que las cosas no nos aburren porque sean aburridas sino que, porque somos aburridos nos aburren. Y es que ante una mirada pasiva las cosas se repiten, aunque sean nuevas y maravillosas. Por eso, lo que caracteriza, en último término, a la inteligencia creadora es la libertad para decidir en cada caso el significado que quiere que tengan las cosas” ((Manglano: Construir el amor, 50).
El amor tranquilo es omnívoro, se alimenta de todo: lo positivo y lo negativo, palabras, compras, necesidades, tele, médico, paseos, malentendidos, discusiones, aburrimiento, fallos propios… “La cosa en sí misma, el amor en sí mismo son todos esos segundos que van llegando uno detrás de otro, cada uno con su carga” (Manglano: Construir el amor, 57).
Es el momento de la Lealtad: Beck: “pondré siempre los intereses de mi cónyuge por encima de los de los demás, lo defenderé si lo critican y nunca tomaré partido con los demás contra él ni me limitaré a ser neutral”. Para no caer en lo que Tomás Melendo ha llamado: “adulterio verbal de la incomprensión y de la crítica”. Hay que estar atento a los “sentimientos ingobernables. Inesperados, que aparecen por sorpresa y pueden conducir a “enamoramientos no deseados”: “uno se deja llevar y más tarde resulta difícil el camino de retorno. Aquí me refiero a muchos enamoramientos de personas ya casadas o comprometidas, que se han introducido en otra relación sentimental, consintiéndola, siendo conscientes de ello, y por vanidad, juego, superficialidad o, simplemente, exploración de las propias posibilidades de conquista llegan a ser incapaces de regentar o controlar la nave emocional. Acaudillar la vida afectiva es una de las manifestaciones más decisivas de la madurez de la conducta de una persona.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 42). “… sabiendo que la fidelidad no se la juega uno a la carta, en un día concreto, sino que está hecha de pequeñas lealtades (…) El hombre poco maduro sentimentalmente depende de los deseos y de la ocasión. El maduro sabe defenderse de aquello que de pronto asoma en su paisaje afectivo, puesto que se ha empleado en la tarea de acorazar y asegurar el amor escogido y establecido libremente, con el compromiso que éste lleva. En el amor adolescente esto no se hace, pues no está de moda, pero sería bueno cuidarlo.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 248). “No es un transeúnte. No va de paso, asomándose a una y otra persona, buscándose más a sí mismo que al otro. Por eso el amor es comprometido; por eso siempre se experimenta una inevitable pérdida de libertad. Da alas y las quita. Abre una puerta y cierra una ventana. Amar es anunciar, quedarse atrapado por alguien que merece la pena para uno. Pero amar es también renunciar a otras posibilidades y, por supuesto, a uno mismo.” (Enrique Rojas).
Tiempo sin adjetivos: “El amor necesita tiempo, un tiempo sin especificaciones del tipo ‘tiempo de calidad’, ‘tiempo robado’, ‘tiempo libre’: simplemente, una cantidad de tiempo. Como cualquier desafío, requiere valor: el valor de detenerse, de perder oportunidades, de quedarse atrás, de ser diferentes. El valor. ¿Qué tiene que ver el valor con el amor, que es espontáneo, placentero, natural? El valor, que se enfrenta a los peligros, a las pruebas, a los dolores y a las luchas…” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 59)
Rutinas coloquiales y espontaneidad (Beck): hay que traer a casa las delicadezas y detalles que empleamos fuera de casa; hay que hacer de la cortesía costumbre. No cuesta tanto, es cuestión de proponérselo; son cambios mínimos que no implican alterar la personalidad, pues se mueven en lo más epidérmico; es como cambiar de un cambio de coche manual a uno automático, o como conducir por la derecha o por la izquierda: sólo cuestión de voluntad y entreno…, y amor, por supuesto.
Perdón: “Hay una cosa en esta primara fase de la relación que resulta esencial: la importancia de practicar el perdón con rapidez, casi de golpe, sin dar tiempo a que el resorte de los propios derechos se dispare e invada el terreno.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 141). “Sé muy bien que no es fácil perdonar; es el acto más sobrehumano que se conoce, pero si no conseguimos hacerlo en el ámbito favorable y privilegiado de una relación total como es el amor, no hay esperanza alguna (…) No creo en la caridad interesada que tan presente está en los medios de comunicación y en nuestras mentes, la que se rasga las vestiduras ante los condenados a muerte, las discriminaciones raciales, los drogadictos encarcelados, los gitanos marginados, y ni siquiera se plantea el objetivo de convivir con quienes están cerca, que no sabe perdonar a quien ha elegido amar (...) Se trata de perdonar siempre -no muchas veces- y casi siempre pequeñas cosas que tienen el extraño valor de tener mucho peso debido a que estos fallos, aunque insignificantes, ofenden la especificidad masculina o femenina." (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 142-3).

Tertulia Javier Vidal-Quadras4.3.- Amor en crisis.
“Llega el momento, y a veces demasiado pronto, en que el otro resulta difícil de soportar: molesto” (Brancatisano) “En la vida común el infierno no es la traición, la droga o el crimen (…) El infierno lo representa la pequeña desidia cotidiana: la pasta demasiado cocida, los calcetines sucios tirados sobre la mesita de noche (…) y así sucesivamente, de menudencia en menudencia, hasta construir una red de costumbres que, siendo naturales para uno, acaban siendo asfixiantes para el otro.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 72)
“Hay épocas en que el amor se percibe como algo doloroso (…) corresponde a una época buena –que no es lo mismo que agradable- del amor porque significa que éste se halla en crisis, en crisis de crecimiento.” (Manglano: Construir el amor, 66)
Buda propone no amar nada ni a nadie para ser feliz y estar libre de sufrimiento. Cristo propone otro camino: amar hasta dar la vida, amar incluso al enemigo, aunque se sufra, pues el sufrimiento no es malo en sí mismo. “Hay felicidad de vegetal, de almeja, de egoísta, de amante… Cada cual debe aspirar a una. El cerdo a la felicidad del cerdo. El insensible a la felicidad del insensible. (Marina) (Manglano: Construir el amor, 69).
Manglano: “La verdadera causa de la crisis soy yo, que no sé amar, que no sé vivir esta nueva situación” Borghello: "Ante cualquier dificultad en la vida de relación todos deberían saber que existe una única persona sobre la que cabe actuar para hacer que  la situación mejore: ellos mismos. Y esto es siempre posible. De ordinario, sin embargo, se pretende que sea el otro cónyuge el que cambie y casi nunca se logra (...) si quieres cambiar a tu cónyuge cambia tú primero en algo".
“La felicidad no depende de la realidad sino de la visión de la realidad que tengamos” (Rojas) Son los que Beck llama Pensamientos automáticos: romper la interpretación nociva que anudamos a los hechos y provoca emociones falsas (si llega tarde no significa que no le importe ni que quiera fastidiarme...).
Amar el desamor: “ser amados cuando somos y nos comportamos como unos gusanos… ah, esto sí que es algo que conmueve las entrañas del mundo, algo que provoca un estupor capaz de dar nueva vida a quien recibe un amor así.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 68) “La fortaleza no está obligada a hacer dar saltos entusiastas al amor, no lo lanza a niveles estratosféricos, cosas que corresponden a la pasión o al sentimiento, pero le permite mantenerse a niveles constantes de buena calidad, dando tiempo a que la pasión y el sentimiento se recarguen y recuperen su empuje (…) y la que nos permite hacer aquellas cosas que van en contra de nuestras inclinaciones.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 69). Así lo expresaba Jorge Manrique: El toque para tocar / cuál amor es bien forjado / es sufrir el desamar, / que no puede soportar / el falso sobredorado. Desterrar la eutanasia del amor. “La eutanasia en el amor es una práctica reconocida y tácitamente aprobada desde hace tiempo: cuando un amor nos hace sufrir, dejamos de mantenerlo con vida.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 134). Dedicar energías a recuperarlo: “El esfuerzo y las energías que se invierten en la construcción de una nueva relación serían más que suficientes para devolver la vida y entusiasmo a la ya agotada relación existente”.