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Tertúlia amb Javier Vidal Quadras: de l'enamorament a l'amor

Javier Vidal-QuadrasDel enamoramiento al Amor: un recorrido humano.

El día 17 de juliol de 2009, a Sant Martí de Tous, va tenir lloc una tertúlia col·loqui amb en Javier Vidal Quadras. El títol de la xerrada va estar "Del enamoramiento al Amor: un recorrido humano".

Javier Vidal-Quadras, és advocat, escriptor, i expert en temes de família, va ser molts anys Director del Fert i ara té diversos càrrecs a la International Federation for Family Development (IFFD), a l’Instituto de Iniciativas de Orientación Famliar (IIOF) i a l' Institut de Estudis Superiors de la Família de la Universidad Internacional de Cataluña.

Xerrada Javier Vidal-QuadrasLa tertúlia va estar tot un éxit, tant pel seu contingut com pel bon nombre de matrimonis que van participar a l'acte. Abans van poder degustar un sopar fred. Podeu veure l'àlbum fotogràfic de la tertúlia.

Pel seu interés reproduim les notes de la xerrada facilitades amablement per Javier Vidal Quadras.

 

Contenido:

  1. El nacimiento del amor

  2. El descubrimiento del amor

  3. El compromiso

  4. Las fases del amor

  5. Epílogo


El nacimiento del amor

El amor nace, de ordinario, sin que nos apercibamos de su verdadera naturaleza. No siempre profundizamos lo suficiente sobre la condición del amor y no penetramos en él, ni siquiera atisbamos su entera realidad y, muchas veces, nos quedamos en lo más epidérmico. Como la voluntad suele moverse hacia los bienes que la inteligencia le presenta como tales, esta falta de comprensión de lo que verdaderamente es el amor hace que muchos no alcancen su verdadera esencia y habiten en los primeros niveles del amor, claramente insuficientes para colmar los anhelos más profundos del alma humana. Por eso, con la brevedad que impone el tiempo disponible, vamos a adentrarnos en la naturaleza del amor conyugal, (i) viendo primero cómo nace el amor; (ii) descubriendo después su esencia con el impulso del primer enamoramiento; (iii) haciéndolo vida y compromiso; y (iv) conociendo las fases por las que atraviesa y las actitudes más convenientes para su desarrollo y refuerzo.

 

1.- El nacimiento del amor.

Con mayor o menor intensidad, extensión y conciencia, todo amante recuerda las siguientes fases en el nacimiento y afirmación de su amor:

Tertulia Javier Vidal-QuadrasFase de atracción física (me gusta). Sensación. Su mayor peligro es la cosificación de la persona: quien se instala en ella desea sólo aquello que le causa placer, instrumentaliza al otro y lo cambia cuando ya no le proporciona el placer que busca.

[Excursus: El pudor según K. Wojtyla (en parte).
El pudor está presente en el hombre porque tiene intimidad. Tiende a ocultar hechos exteriores o estados interiores. Pero este disimulo no está directamente vinculado a algo malo (hay quien, por pudor, disimula lo bueno). No es, pues, primariamente moral, sino que se vincula a la experiencia de no querer exteriorizar lo que ha de permanecer oculto en la intimidad de la persona. El pudor, eso sí, es el germen de la castidad.
Pudor sexual: respecto de las partes y órganos que determinan el sexo. Para evitar que el otro confunda lo que ve con  lo que soy: mi cuerpo es más que mi cuerpo, pretende decir el pudor.
Su primera manifestación es el vestido, que tiene que ver también con la manifestación de  mi personalidad, que se expresa en la forma de vestir, que individualiza mientras que la desnudez estandariza hasta hacer desaparecer la individualidad. Pero pudor no se identifica con vestido ni impudicia con desnudez, pues el vestido puede servir tanto para ocultar como para evidenciar los valores sexuales (Madona). Una mujer desnuda que posa para un artista no experimenta pudor, pero si dos jóvenes se asoman a la ventana, siente vergüenza. La desnudez puede cumplir una función objetiva (que el médico me reconozca, unión con mi esposo…) y solo se convierte en impúdica cuando aquella desaparece.
Naturalmente, el pudor es educable. En distintas culturas hay distintas vivencias del pudor. Hay que aceptar que hay una cierta relatividad en la definición de lo impúdico. Sin embargo, el impudor mismo no es relativo, pues lleva a cabo una despersonalización por la sexualidad, que aparece groseramente estándar e indiferenciable. El pudor oculta los valores sexuales para no convertir el cuerpo en mero objeto de placer, en instrumento a disposición del otro, con la degradación que ello supone.
Conviene aquí evitar los extremos, que pueden llevar al pansexualismo de cierta cultura actual o a la pudibundez de ciertas aproximaciones meramente formales y reglamentistas.
La vivencia del pudor en el hombre y en la mujer.
Se da aquí una paradoja grande:
El varón tiene una sensualidad más fuerte y acentuada. Percibe los valores sexuales muy corporalmente y los experimenta de manera más instintiva e impetuosa. Es más vulnerable a ver el cuerpo de la mujer como mero objeto de placer. Al mismo tiempo, siente vergüenza por esta tendencia más instintiva que le cuesta controlar.
La mujer experimenta una sensualidad más afectiva, menos corporal, más espiritual, si se quiere. Percibe más los valores personales que los sexuales.
Curiosamente, al no encontrar en sí misma una sensualidad tan fuerte como la del hombre, la mujer siente menos necesidad de esconder su cuerpo, objeto de posible placer, porque le cuesta más concebir la contemplación de un cuerpo desprendido de la persona, del espíritu. Paradójicamente, la mujer, siendo originariamente más casta, le resulta más difícil vivir la experiencia del pudor.
El problema que existe hoy día procede, en gran parte, del abandono de la educación en el pudor a nuestros adolescentes. Las jóvenes no conocen la psicología sexual masculina y viceversa, de modo que al varón no se le enseña que la vivencia de la sexualidad por la mujer exige que él aprenda a integrar la sensualidad en la afectividad, y a la mujer no se le explica que el varón difícilmente verá afectividad en las demostraciones de sensualidad.
Edith Stein: Yo pienso que la relación entre alma y cuerpo no es completamente la misma, que la unión natural al cuerpo es de ordinario más íntima en la mujer. Me parece que el alma de la mujer vive y está presente con mayor fuerza en todas las partes del cuerpo y que queda afectada interiormente por todo aquello que ocurre al cuerpo”.
El pudor, en definitiva, abre el camino al amor porque revela el valor de la persona más allá de sus valores sexuales y embebe estos en una realidad superior.]


Fase de enamoramiento (qué bien se está con ella). Sentimiento, afectividad. Se da la sintonía de caracteres; se va descubriendo la persona del otro. Su mayor peligro consiste en confundir la persona amada con el sentimiento que provoca. Quien habita en este ámbito se enamora de su propio enamoramiento, de la sensación de estar enamorado, de modo que, igual que en la anterior, cuando deja de sentirse enamorado, piensa que el amor se ha extinguido y se ve impulsado a sustituir al amado y cambiarlo por otro que le haga sentir lo que ya no siente.

Tres razones por las que el enamoramiento no es aún verdadero amor (Gary Chapman):
- No es un acto de la voluntad ni una decisión consciente.
- No requiere esfuerzo (el tiempo, el dinero, los regalos, los proyectos…, nada cuesta esfuerzo en este período.
- No está interesado en el auténtico crecimiento personal propio ni del otro, al contrario, nos da la falsa sensación de que ya hemos llegado, de que no puede haber nada mejor y de que nuestro amado o amada es perfecto y siempre lo será… No me pongo a su servicio, no doy ni pido evolución, progreso. Si cambia…, todo cambia.

Fase de la voluntad (la quiero y quiero quererla). Plenitud: sentimiento y decisión. Descubre la persona amada, conoce sus defectos y los acepta, la quiere y quiere que sea y que sea más, lo mejor que pueda. Se entrega. Decide comprometerse, no porque ama, sino porque quiere amar; no se casa por amor, o no sólo por amor, sino para amar

“Cuando la voluntad quiere lo que el enamoramiento le propone, entonces nace el amor” (Manglano).

Esta voluntad ha de optimizar los sentimientos, es decir, dirigirlos al amor, provocarlos cuando languidecen e invocarlos una y otra vez. Es muy importante acceder a la tercera etapa, única respetuosa con la dignidad humana, que asegura lo constitutivo del amor: la entrega. Ahora bien, la voluntad que decide amar ha de ser una voluntad libre.

Tertulia Javier Vidal-QuadrasNo hay amor sin libertad: “La persona que no ha hecho operativa su libertad, extendiendo el imperio de la voluntad y del entendimiento al resto de sus facultades y potencias, la persona dominada por las pasiones, por el ambiente, por los vaivenes de un humor incontrolado, esa persona, si no lucha por dominarse, es incapaz de amar. Sólo quien ejerce el señorío de su propio ser puede, en un acto soberano de libertad, entregarlo plenamente a los otros, al hombre o mujer elegidos, a quien haya hecho objeto de sus amores” (Melendo, Ocho lecciones sobre el amor humano).

El matrimonio es para personas libres, capaces de poseerse a sí y a su futuro y entregarse para siempre a otra persona. Una libertad que se hace deuda, “deuda de amor” (Hervada), “justicia enamorada” (Melendo), porque quiere, porque le da la gana.

Uno de las grandes dificultades de los jóvenes de hoy es su incapacidad de amar: no se han negado nada, no saben lo que es la entrega, no saben apartar el yo y ponerlo entre paréntesis y, aunque quieren, no pueden amar, son esclavos de sus tendencias.

“Promesa” de amor, no pacto, porque la promesa es: futura (anticipa una decisión: ¡siempre te volveré a elegir!), desinteresada (espontánea y a cambio de nada) e incondicionada (se compromete de un modo tal, sin condición).

“La promesa nace del amor, el convenio del interés (…) quienes han de recurrir al pacto no han sido aún capaces de elevarse hasta el amor (…), hoy en día es frecuente una versión débil y pactista del amor, que consiste en renunciar a que no se pueda interrumpir. Este modo de vivirlo se traduce en el abandono de las promesas: nadie quiere comprometer su elección futura, porque se entiende el amor como convenio, y se espera que dé siempre beneficios.” (Yepes)

Sólo cuando el sentimiento es optimizado por la voluntad libre que decide amar para siempre, puede decirse que el amor impera: “Ningún niño cree ya en las cigüeñas, pero sigue habiendo muchos adultos que creen en los matrimonios afortunados (…) entre la realidad de un nacimiento y el vuelo de las cigüeñas existe la misma relación que entre la suerte y el matrimonio: un abismo.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 115)

Ahora bien, como decía al principio, el nacimiento del amor, aunque cumpla las tres etapas que lo integran, no asegura su intelección, su comprensión cabal; menos aún su permanencia, su conservación y su crecimiento. El sentimiento y nuestras tendencias pueden difuminar aquello que tan claro veíamos al principio. Conviene no engañarse sobre el conocimiento de la realidad, y adaptar a ella nuestras facultades, tendencias y sentimientos, porque aunque nosotros la percibamos de una manera, las cosas siguen siendo lo que son y acaban mostrándose con todo su realismo (Yepes, Fundamentos de Antropología). Hay que descubrir el amor (que no inventarlo ni reinventarlo en función de nuestras propias apetencias)…, aun después de instalarse en él, de la misma manera que uno va descubriendo y ahondando en todas las realidades en las que vive: familia, hijos, profesión, cultura, país, sociedad…

 


2.- El descubrimiento del amor.

En primer lugar, el amor matrimonial ha de ser humano y total. Humano, es decir, poniendo en juego todas las facultades y potencias humanas, de modo que hay que poner el corazón al servicio de la voluntad y saber concitar todas nuestras tendencias, nuestra sensualidad, nuestros afectos y dirigirlos al amor (¡esto es la castidad matrimonial!: no la negación de la sexualidad, sino su aceptación gozosa y su orientación al amor, al amado, evitando que tome otras direcciones). Total, es decir, mediante la supresión de toda reserva: lo amado es la entera persona del otro y cualquier exclusión, cualquier rechazo o reducción constituyen un ataque a la dignidad de la persona humana, que es una e indivisible. Por eso hay quien ha dicho que hay que amar a nuestro cónyuge “con sus defectos”, pues otra cosa es la utopía, no se pueden extirpar los defectos (ojo, es distinto amar con sus defectos que amar sus defectos).

Sentadas estas premisas, el amor matrimonial es:

Tertulia Javier Vidal-QuadrasAmor fiel (Unidad). Lo constitutivo del amor es la entrega, la entrega cabal de la persona. Ahora bien, esa entrega se realiza en distintos grados. Es cierto que debemos amar a todo el mundo. Y podemos hacerlo, porque el amor como valor espiritual no desmerece ni disminuye, al contrario, se intensifica cuanta más gente participa de él. Esto sucede con todos los bienes o realidades espirituales (alegría, emoción, tristeza…, cuanta más gente participa de ellos, más intensos son). Sin embargo, los bienes materiales sí desmerecen y disminuyen cuanta más gente los posee (tocan a menos: cantidad: un pastel, o tiempo: un coche de alquiler). El hombre no es puro espíritu, sino cuerpo y alma y expresa su amor a través del cuerpo, y en distintos grados (no es lo mismo amar a un cliente que a un marido: al primero se le da la mano, al segundo la intimidad corporal; el amor al primero exige sólo tratarle como persona y con justicia, el amor al segundo exige la entrega plena). El cuerpo expresa el grado de amor: un apretón de manos, un guiño, una caricia, un beso, una relación sexual plena: ésta última es el corolario de un amor total. Por lo tanto, el amor corporal va disminuyendo su ámbito de expansión a medida que la entrega crece en intensidad. Cuando la entrega es total, cuando incluye la intimidad corporal, “la capacidad procreadora con todas las dimensiones que la enriquecen” (es decir, afectos, confidencias, caricias, atenciones…), ha de ser única y exclusiva, a una sola persona; si no, no es completa, pues lo determinado por la materia sólo puede ser poseído plena y absolutamente por uno solo. La donación parcial (reservándose el derecho de donar el cuerpo a otros, por ejemplo) es incompatible con la dignidad de la persona humana y su carácter pleno e indivisible. La entrega implica dar la posesión de nuestro cuerpo a nuestro cónyuge para que lo posea no al modo en que las cosas se poseen, sino al modo en que posee su propio cuerpo.

Amor para siempre (Indisolubilidad). Irrevocabilidad del amor (de todo amor: paterno-filial, de amistad..., aunque nos traicionen: ¡entonces es cuando más necesitan nuestro amor! y demostramos amarles por ser ellos y no por el placer, satisfacción, compañía, bienestar… que nos proporcionan); lo requiere la dignidad de la persona: ¡ella es para siempre!... y hay que amarla entera; si no, la cosifico, la hago objeto; me amo a mí mismo; JP II: “El que no se determina a amar para siempre, es imposible que ame tan sólo un día”. No puedo decir: te amaré hasta que tengas setenta años, o hasta que caigas en una depresión, o hasta que te portes como un gusano, porque entonces no la amo a ella, sino que amo en ella lo que me complace, o sea, me amo a mí, mi propio bienestar. ¡Si hasta con un perro adquirimos un compromiso de no abandonarle! El problema del amor no comprometido es que sitúa el centro de gravedad en mí mismo y no en la persona amada. Yo me convierto en el criterio de valoración del otro: él o ella valen solo en la medida en que colman mis expectativas, en que satisfacen mi interés, por elevado que este sea. El amor auténtico y pleno ama al otro por lo que él es uy no por lo que me aporta a mí. Entonces sí, el amor se convierte en don, en entrega y se hace cabal. Esta es la lógica del amor, una lógica del todo o nada: o me entrego o le uso. Es cierto que los dos que se aman pueden estar de acuerdo en no comprometerse, pero esto no soluciona el problema, más bien lo agrava porque significa que los dos están de acuerdo no en amarse, sino en utilizarse mutuamente, en ser uno y otro (al menos en parte) instrumentos, lo que dañaría igualmente a su dignidad de persona. Esa dignidad de la persona es también la que impide la posibilidad de una prueba: “La idea de una prueba ni siquiera se nos ocurría, es más, era contraria a aquella idea de desafío, del todo por el todo, que se adaptaba al amor como un guante. El amor verdadero era otra cosa, era aquello que se ofrecía a la forja del tiempo, de todo el tiempo de una vida, en el momento de la decisión definitiva, el del matrimonio.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 48); “Es una metodología que exige el ‘para siempre’, o de lo contrario no funciona. Entre los que consideran que el ‘para siempre’ es imposible y sobrehumano se encuentran los escépticos. Olvidan que han vivido y deseado un amor que desde el principio y por definición era sobrehumano.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 110): ¡para siempre! Las personas no se prueban. ¿Cuándo acaba la prueba?: no es lo mismo sin hijos que con hijos, con trabajo que sin trabajo, a los 30 que a los 60, sano que enfermo..., ¡tendríamos que estar toda la vida probando!, porque la persona es dinámica y se va haciendo con el tiempo: no acaba nunca. No, las personas no se prueban: se aceptan tal como son y como serán, en el grado de amor que a cada una corresponde (al cliente como cliente, al amado como amado, como cónyuge), y punto. “Amar significa ver a la persona amada tal como Dios la ha pensado” (Dostoyevsky). Y Dios la ha pensado bellísima, pero sólo alcanzará ese grado de perfección “originario” si recibe nuestro amor en grado suficiente para moverle hacia esa meta: ¡te amo para que seas lo que estás llamado a ser!, ¡mi amor te impulsará a las altas cotas que Dios tiene reservadas para ti!).

Amor fecundo: (abierto a la vida) todo amor es fecundo: espiritual y materialmente fecundo. La esterilidad nunca ha sido atributo del amor. No es cicatero ni mezquino: la medida del amor es amar sin medida, decía San Agustín. Se desborda más allá, invita a salir de uno mismo, es rico en detalles, en atenciones, en tiempo, en dedicación…, y también en hijos. Es más, el cauce natural, específico, el más propio, el que distingue al matrimonio de los demás amores humanos es, precisamente, esta posibilidad de transmitir la vida: los hijos. En este terreno, por lo tanto, lo propio del amor es la fecundidad espiritual (la material, también, pero no siempre depende de nosotros). Todo dice fecundidad en la relación sexual. Cuestión distinta es el número: ¿quién puede poner número al amor?…, más aún, ¿quién puede juzgar y cifrar el amor de otros? Hay que ser muy cauto y no juzgar nunca, pero el principio ha de quedar claro: lo propio del amor es la fecundidad, no la esterilidad.

 

Ahora bien, todo lo dicho hasta aquí es muy bonito…, y uno puede fácilmente estar de acuerdo: pero el gran reto es su realización, hacerlo vida y experiencia personal. Y para ello no bastan los conceptos: la teoría se ha de hacer vida, lo que requiere ATREVIMIENTO. “La mayoría de personas no se atreven a conseguir lo que esperan, lo que desean, pero hay una falta de atrevimiento más grave y radical: no atreverse a desear porque eso no tiene curso legal, no es ‘lo que se desea’” (Julián Marías). Y es cierto, o ponemos los medios o toda esta bella teoría quedará en letra de manual. Hay que atreverse a ser feliz en el matrimonio. ¿Cómo?


3.- El compromiso.

Adquirir el compromiso psicológico (lo ha tratado muy bien A. Beck). En primer lugar hay que ‘quemar las naves’: determinarse a mantenerse en la relación a pesar de los desengaños y dificultades. Busco lo positivo y no lo negativo; no tengo miedo al desengaño ni a la vulnerabilidad (¡todo amor es vulnerable!: el que no quiera sufrir, que no ame). Si no procedo así: provoco lo que me asusta, porque estoy más atento a los defectos y comparo... hasta que encuentro. ¡Sin reservas! “El esfuerzo y las energías que se invierten en la construcción de una nueva relación serían más que suficientes para devolver la vida y entusiasmo a la ya agotada relación existente (…) Podría ser éste el sentido de un matrimonio maduro y su dulzura: estar juntos para seguir ‘creándose’ mutuamente.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 146).;

Orientar el compromiso. Mi compromiso es con la felicidad del otro, no con la mía. “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro”; quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza; “la puerta de la felicidad se abre hacia fuera”, hacia los otros (Kierkegaard/Melendo). Empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la frustración, a la depresión. La felicidad es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en aprehenderlo, más esquivo se hace. Sin embargo, si uno se olvida, se levanta, lee…, entonces, es más probable que el sueño acuda. La felicidad igual: uno no va al matrimonio para ser feliz, sino para hacer feliz, y es entonces cuando encuentra la felicidad, porque a nadie se le oculta que si la única o la primera felicidad que buscamos es la nuestra, no amamos al otro, sino a nosotros mismos, cosa, por otra parte, bastante natural. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad: ¿una extravagancia de nuestra humana naturaleza? Por el momento, un dato de la experiencia.

Actualizar el compromiso. Elijo cada día a los que amo (Tomás Melendo: hacer del amor biológico, amor de elección) “Elegir a alguien es preferirlo, destacarlo sobre los demás, aprobarlo interiormente. Por eso es bueno tener un modelo previo, para aproximarnos a aquello que vamos buscando. También el amor del flechazo es electivo, lo que sucede es que va más deprisa.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 227). Por esta razón, cada noche tendría que poder contestar afirmativamente a estas dos preguntas: ¿la he querido hoy? ¿Lo ha notado?

Tertulia Javier Vidal-QuadrasPersonalizar el compromiso: que no es con el amor, sino con la persona amada. Para ello hay que adquirir conciencia de la recíproca diversidad (Melendo). Aunque “para saber estar con alguien hay que saber estar primero con uno mismo.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 221); pero nunca hemos de olvidar que seguimos siendo dos, y aceptándolo en toda su profundidad, hemos de ver en ello una riqueza y la garantía de que nuestro amor pervive, pues lo hará en la medida en que él o ella siga siendo, tenga entidad propia de la que podamos seguir enamorados: “si mi marido se anula, ¿qué es lo que me queda para amar? (…) Los dos que desean fundirse en un nosotros siguen estando vivos y coleando, con toda la fuerza centrífuga que hay en su naturaleza (…) Lo que se pierde concretamente (la elección de las vacaciones, el gato, el coche nuevo, la disposición de los cuadros en el salón… no te rías, son pequeñas cosas importantes porque en ellas se materializa diariamente esa cosa sublime que es el amor) o lo que se está dispuesto a aceptar (la antipatía del otro por la suegra, su indiferencia por nuestra afición preferida, su dificultad por integrarse en el círculo de nuestras amistades, su pasión por la montaña cuando a nosotros nos encanta el mar), si se hace por amor, se traduce en un enriquecimiento personal que revierte en energía en la relación.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 109). “El regalo más precioso que me hizo el matrimonio fue el de brindarme un choque constante con algo muy cercano e íntimo pero al mismo tiempo indefectiblemente otro y resistente, real, en una palabra” (C.S. Lewis).

Mimar el compromiso. Una vía, entre muchas otra que no hay tiempo de tratar, es la que propone Beck: establecer la presunción de inocencia que evita esa tendencia tan innata y tan insidiosa de hacer siempre al cónyuge responsable de lo que nos sucede “aun cuando sus acciones estén equivocadas y me haya hecho daño, supongo que tiene buenas intenciones y no quiere herirme” (Beck).

Nacido el amor, descubierta su naturaleza y comprometido su cuidado, el siguiente paso es no engañarse y conocer, en la experiencia ajena, el recorrido más habitual de su existencia.


Las Fases del amor (Manglano).

4.1.- Amor enamorado.

La cualidad de este amor es “mostrar al principio el final”, “hace sentir al principio el amor que se alcanzará al final”. “Esta experiencia inicial es la meta de nuestro amor; lo que ahora sentimos es lo que deberá imperar. Paradójicamente, hacia donde deberemos marchar en el futuro, es hacia nuestro ahora” (Manglano: Construir el amor, 35). “Enamorarse es encontrarse a sí mismo fuera de sí mismo (…) es querer a alguien en exclusividad y pensar con ella y en ella para compartir el futuro” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 66). Volver siempre a él porque es nuestra meta: alterocéntrico, dependiente, entregado...
“Un hombre sin pasiones no es un hombre; lo importante es luchar por domarlas, por encauzarlas y orientarlas hacia lo mejor." (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 117). “Quiero ser contemplada con los mismos ojos enamorados tanto si estoy bailando con un traje de noche como si estoy limpiando el baño cubierta con un vulgar delantal.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 28)
Las pasiones son buenas; pero hay que saber encauzar el sentimiento “La capacidad para controlar y dominar los sentimientos y las pasiones es un signo de madurez. Es más, esa facultad yo la centraría en el siguiente punto: ser capaces de aplazar la recompensa en una era como la nuestra, que es la era de la inmediatez, en  la que todo tiene que ser rápido, hacerse sobre la marcha.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 60) “Mientras que para enamorarse no hace falta pensar, sí es preciso hacerlo para reconocer el amor.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 23). “Hay que conocer no soñar: dejar que la fría razón penetre en la emoción, ver si es la realidad la que confirma el sueño en vez de permitir que el sueño disfrace la realidad.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 25).

Tertulia Javier Vidal-Quadras4.2.- Amor tranquilo.
En lo material, lo cotidiano, lo insignificante... amar sin sentir nada, nada especial, como cuando estoy conmigo mismo.
Una mirada activa. Marina: “A mis alumnos les digo que las cosas no nos aburren porque sean aburridas sino que, porque somos aburridos nos aburren. Y es que ante una mirada pasiva las cosas se repiten, aunque sean nuevas y maravillosas. Por eso, lo que caracteriza, en último término, a la inteligencia creadora es la libertad para decidir en cada caso el significado que quiere que tengan las cosas” ((Manglano: Construir el amor, 50).
El amor tranquilo es omnívoro, se alimenta de todo: lo positivo y lo negativo, palabras, compras, necesidades, tele, médico, paseos, malentendidos, discusiones, aburrimiento, fallos propios… “La cosa en sí misma, el amor en sí mismo son todos esos segundos que van llegando uno detrás de otro, cada uno con su carga” (Manglano: Construir el amor, 57).
Es el momento de la Lealtad: Beck: “pondré siempre los intereses de mi cónyuge por encima de los de los demás, lo defenderé si lo critican y nunca tomaré partido con los demás contra él ni me limitaré a ser neutral”. Para no caer en lo que Tomás Melendo ha llamado: “adulterio verbal de la incomprensión y de la crítica”. Hay que estar atento a los “sentimientos ingobernables. Inesperados, que aparecen por sorpresa y pueden conducir a “enamoramientos no deseados”: “uno se deja llevar y más tarde resulta difícil el camino de retorno. Aquí me refiero a muchos enamoramientos de personas ya casadas o comprometidas, que se han introducido en otra relación sentimental, consintiéndola, siendo conscientes de ello, y por vanidad, juego, superficialidad o, simplemente, exploración de las propias posibilidades de conquista llegan a ser incapaces de regentar o controlar la nave emocional. Acaudillar la vida afectiva es una de las manifestaciones más decisivas de la madurez de la conducta de una persona.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 42). “… sabiendo que la fidelidad no se la juega uno a la carta, en un día concreto, sino que está hecha de pequeñas lealtades (…) El hombre poco maduro sentimentalmente depende de los deseos y de la ocasión. El maduro sabe defenderse de aquello que de pronto asoma en su paisaje afectivo, puesto que se ha empleado en la tarea de acorazar y asegurar el amor escogido y establecido libremente, con el compromiso que éste lleva. En el amor adolescente esto no se hace, pues no está de moda, pero sería bueno cuidarlo.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 248). “No es un transeúnte. No va de paso, asomándose a una y otra persona, buscándose más a sí mismo que al otro. Por eso el amor es comprometido; por eso siempre se experimenta una inevitable pérdida de libertad. Da alas y las quita. Abre una puerta y cierra una ventana. Amar es anunciar, quedarse atrapado por alguien que merece la pena para uno. Pero amar es también renunciar a otras posibilidades y, por supuesto, a uno mismo.” (Enrique Rojas).
Tiempo sin adjetivos: “El amor necesita tiempo, un tiempo sin especificaciones del tipo ‘tiempo de calidad’, ‘tiempo robado’, ‘tiempo libre’: simplemente, una cantidad de tiempo. Como cualquier desafío, requiere valor: el valor de detenerse, de perder oportunidades, de quedarse atrás, de ser diferentes. El valor. ¿Qué tiene que ver el valor con el amor, que es espontáneo, placentero, natural? El valor, que se enfrenta a los peligros, a las pruebas, a los dolores y a las luchas…” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 59)
Rutinas coloquiales y espontaneidad (Beck): hay que traer a casa las delicadezas y detalles que empleamos fuera de casa; hay que hacer de la cortesía costumbre. No cuesta tanto, es cuestión de proponérselo; son cambios mínimos que no implican alterar la personalidad, pues se mueven en lo más epidérmico; es como cambiar de un cambio de coche manual a uno automático, o como conducir por la derecha o por la izquierda: sólo cuestión de voluntad y entreno…, y amor, por supuesto.
Perdón: “Hay una cosa en esta primara fase de la relación que resulta esencial: la importancia de practicar el perdón con rapidez, casi de golpe, sin dar tiempo a que el resorte de los propios derechos se dispare e invada el terreno.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 141). “Sé muy bien que no es fácil perdonar; es el acto más sobrehumano que se conoce, pero si no conseguimos hacerlo en el ámbito favorable y privilegiado de una relación total como es el amor, no hay esperanza alguna (…) No creo en la caridad interesada que tan presente está en los medios de comunicación y en nuestras mentes, la que se rasga las vestiduras ante los condenados a muerte, las discriminaciones raciales, los drogadictos encarcelados, los gitanos marginados, y ni siquiera se plantea el objetivo de convivir con quienes están cerca, que no sabe perdonar a quien ha elegido amar (...) Se trata de perdonar siempre -no muchas veces- y casi siempre pequeñas cosas que tienen el extraño valor de tener mucho peso debido a que estos fallos, aunque insignificantes, ofenden la especificidad masculina o femenina." (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 142-3).

Tertulia Javier Vidal-Quadras4.3.- Amor en crisis.
“Llega el momento, y a veces demasiado pronto, en que el otro resulta difícil de soportar: molesto” (Brancatisano) “En la vida común el infierno no es la traición, la droga o el crimen (…) El infierno lo representa la pequeña desidia cotidiana: la pasta demasiado cocida, los calcetines sucios tirados sobre la mesita de noche (…) y así sucesivamente, de menudencia en menudencia, hasta construir una red de costumbres que, siendo naturales para uno, acaban siendo asfixiantes para el otro.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 72)
“Hay épocas en que el amor se percibe como algo doloroso (…) corresponde a una época buena –que no es lo mismo que agradable- del amor porque significa que éste se halla en crisis, en crisis de crecimiento.” (Manglano: Construir el amor, 66)
Buda propone no amar nada ni a nadie para ser feliz y estar libre de sufrimiento. Cristo propone otro camino: amar hasta dar la vida, amar incluso al enemigo, aunque se sufra, pues el sufrimiento no es malo en sí mismo. “Hay felicidad de vegetal, de almeja, de egoísta, de amante… Cada cual debe aspirar a una. El cerdo a la felicidad del cerdo. El insensible a la felicidad del insensible. (Marina) (Manglano: Construir el amor, 69).
Manglano: “La verdadera causa de la crisis soy yo, que no sé amar, que no sé vivir esta nueva situación” Borghello: "Ante cualquier dificultad en la vida de relación todos deberían saber que existe una única persona sobre la que cabe actuar para hacer que  la situación mejore: ellos mismos. Y esto es siempre posible. De ordinario, sin embargo, se pretende que sea el otro cónyuge el que cambie y casi nunca se logra (...) si quieres cambiar a tu cónyuge cambia tú primero en algo".
“La felicidad no depende de la realidad sino de la visión de la realidad que tengamos” (Rojas) Son los que Beck llama Pensamientos automáticos: romper la interpretación nociva que anudamos a los hechos y provoca emociones falsas (si llega tarde no significa que no le importe ni que quiera fastidiarme...).
Amar el desamor: “ser amados cuando somos y nos comportamos como unos gusanos… ah, esto sí que es algo que conmueve las entrañas del mundo, algo que provoca un estupor capaz de dar nueva vida a quien recibe un amor así.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 68) “La fortaleza no está obligada a hacer dar saltos entusiastas al amor, no lo lanza a niveles estratosféricos, cosas que corresponden a la pasión o al sentimiento, pero le permite mantenerse a niveles constantes de buena calidad, dando tiempo a que la pasión y el sentimiento se recarguen y recuperen su empuje (…) y la que nos permite hacer aquellas cosas que van en contra de nuestras inclinaciones.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 69). Así lo expresaba Jorge Manrique: El toque para tocar / cuál amor es bien forjado / es sufrir el desamar, / que no puede soportar / el falso sobredorado. Desterrar la eutanasia del amor. “La eutanasia en el amor es una práctica reconocida y tácitamente aprobada desde hace tiempo: cuando un amor nos hace sufrir, dejamos de mantenerlo con vida.” (Marta Brancatisano, La Gran Aventura, 134). Dedicar energías a recuperarlo: “El esfuerzo y las energías que se invierten en la construcción de una nueva relación serían más que suficientes para devolver la vida y entusiasmo a la ya agotada relación existente”.


Epílogo

Las cinco “aes” de P. Manglano

  • Alegría (bien posicionado en la vida: no en el centro, sino siendo un servidor)
  • Ahora (sólo tengo este instante; este ahora, me apetezca o no)
  • Aquí (en mi sitio, con los míos, con mi amor; no mirar más que mi amor, no imaginar más que mi amor)
  • Amabilidad (tocar la música para el otro: amar como quiere ser amado)
  • Aceptación (tal como es y como será: “amar significa ver a la persona amada tal como Dios la ha pensado”)

 

Algunas enfermedades del amor

Melendo:

  • Tertulia Javier Vidal-QuadrasSobreatención del yo
  • Falta de conocimiento recíproco
  • Expectativas exageradas
  • Deficiente jerarquía
  • Falta de detalles (detalles que elevan, minucias que destruyen)

Manglano:

  • Victimismo (desmadre del amor donación: da porque necesita que le necesiten)
  • Del afecto a la aversión (exageración de los defectos)
  • Podemos decirnos cualquier cosa
  • Celos


Errores acerca del amor

Rojas:

  • Divinizar el amor: “el amor es divino y humano. Se amasa con materia y espíritu. Pero a la larga, siempre necesitará recomponerse, volver a empezar, redefinirlo.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 97)
  • Hacer de la otra persona un absoluto: se sitúa al otro en un pedestal psicológico, pero como se va a tener una visión milimétrica, caerá mil veces del pedestal. “Debe aspirarse a mantener la admiración por el otro, pero sin llegar al extremo de no ver sus defectos; es decir, hemos de aceptarlos como condición sine qua non de lo que es el ser humano.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 99)
  • Pensar que es suficiente con estar enamorado. “El amor es como un fuego; hay que avivarlo día a día, si no se apaga.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 101)
  • Creer que la vida conyugal no necesita ser aprendida. Inteligencia y voluntad para aprender los “lenguajes físicos, sexuales, afectivos, intelectuales, económicos, sociales, culturales, espirituales (…) Nadie puede dudar de que esto se aprende. (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 102-3)
  • Ignorar que existen crisis de pareja. “Dar y recibir amor requiere un saber, un conocer los modos y maneras más adecuados (…)importantes técnicos que desde fuera estudian y desde dentro actúan…”(Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 109-10)
  • No conocerse a sí mismo antes que a la pareja: “Para estar con alguien hace falta estar primero con uno mismo (…) Cuando se ha tenido un modelo de identidad como inspirador todo resulta más fácil (…) Llegar a un buen equilibrio en este sentido es una de las tareas prioritarias que cada uno debe hacer consigo mismo (…) Basta con que uno tenga cierta capacidad psicológica y la valentía de enfrentarse a ello (…) estar en la realidad (…) Hay que atreverse a tener una visión global de uno mismo.” (Enrique Rojas, “El amor inteligente”, 110-13).